Titulo este post como “La fotografía que no capturé”, pero bien podría titularlo como “El instante que deje escapar” o “La pereza que ganó a las ganas de capturar”…

Muchas veces al irnos de vacaciones desconectamos, nos relajamos, nos entra la pereza, aplazamos las cosas… Esto es lo que me ocurrió durante mi semana de vacaciones por Suiza.

Os pongo una foto para ilustrar el post, lógicamente no es la que me gustaría haber capturado, pero bueno, es otra que no dejé escapar, pues es la única donde se ve completamente la cumbre del Matterhorn (Zermatt), fue un instante que estubo despejado de nubes, el resto del día siempre tapado con la enorme nuebe de la izquierda.

Alquilé un apartamento de montaña en medio de un pueblo alpino, Ovronnaz, en la zona de Valais. El primer día, después de más de 8 horas de carretera, lo primero que hice fue tumbarme en el fantástico sofá (mejor que el de mi casa diaria por cierto) y relajarme, sin hacer nada, desconectado (literalmente, pues no tenía ni cobertura en el móvil ni mucho menos wifi).

Mirando por el ventanal, se veía una montaña enorme al otro lado de valle (concretamente luego descubrí que era de 3.330 metros, la estación de ski de Verbier), se insinuaban unos telesillas en la parte alta, se veía una zona rocosa enorme (algo que me recordó las maravillosas fotos de Ansel Adams en Yosemite), eran las 20.30 de la tarde-noche, y estaba sólo iluminada por los últimos rayos de sol en la parte alta, con los típicos colores cálidos impactando con la zona rocosa, era una maravilla gozar de esa vista. Giré la cabeza hacia la mochila dónde tenía todo el equipo fotográfico, estaba lejos (2 metros) no la alcanzaba sin levantarme… Pensé que tenía 1 semana para hacer la foto…así que seguí disfrutando de la maravillosa vista, hasta que el último rayo de luz acariciaba la punta más alta de la montaña y dejé la fotografía para mañana, o pasado o al otro…

Al día siguiente, después de pasar todo el día fuera, visitando el pueblo, el supermercado (importante si queríamos comer algo esa noche), llegamos a la casita a las 20h, pensé en prepararlo todo, el trípode, la cámara, el objetivo… y a esperar esa hora del día anterior para tomar la fotografía de esa montaña con esa luz que tanto me había cautivado. Eran las 20.35 cuando no había ni rastro de esos rayos de luz…miré hacia al otro lado, y vi una enorme nube que tapaba el Sol. Un día más me quedé sin la foto. Mañana o al otro…

Para no entrar en detalles de lo que hice durante mis días de vacaciones, os diré que día tras día estuve esperando esa hora y esos rayos de luz que no volví a ver ninguno de los 7 días que pase allí, vamos me quedé sin plasmar en formato digital esa foto que sólo pude plasmar en “formato recuerdo” en mi retina.

A dónde quiero llegar con esto? pues simplemente a que cuando veáis la oportunidad de tomar esa fotografía que tanto os gusta o os llama la atención, no la dejéis de hacer, pues quizás ese momento, ese instante decisivo, no se vuelva a repetir…

Este post se podría exportar de la fotografía a la vida en sí, y resumirlo con un simple Carpe Diem.

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